viernes, 11 de junio de 2010

Así lo hice (novena entrega)

Las cajas para cámaras digitales

Antes de contarles porqué empecé con la fabricación de cajas-estuches para cámaras digitales de fotografías, debo decirles quien me dio la idea. El mentor fue Nano Herrera, un conocedor de jazz muy reconocido y querido de mi país, Argentina.

Tuve la suerte de tratarlo gracias a un programa de radio del que era oyente y cada tanto pasaba por el estudio a visitar a los que hacían el ciclo "En la vereda" de Quique Pesoa, que se emitía por Radio de la Ciudad. Allí me hice conocido de Nano gracias a que al finalizar el año solía regalarles algunas de mis artesanás a los integrantes del programa.

La relación con Nano Herrera siguío esporádicamente luego de finalizado el ciclo radial. Hace como dos años Nano me llamó por teléfono y me dijo: "el otro día estuve invitado en una casa donde no sabían cómo guardar las cámara digitales". Vale aclarar que fundas se consiguen en el mercado argentino, pero cajas no hay.

Me pasó las medidas diciendo que se parecía a una caja de cigarrillos. "Como el Marlboro box", me dijo Nano. Entonces puse manos a la obra y arrancó la línea de estuches para cámaras digitales.



En un principio las armé según las medidas que me pasó Nano. Estas medidad correspondían a las cámaras más nuevas en el mercado local. A estas cajas las llamé Camarelas.

Más tarde construí unas cajas un poco más grandes para las cámaras digitales más viejas, que son de mayor tamaño que las nuevas. Así llegaron las Camigelas.



Una caja que hice por pedido de mi amiga Inés, le puse de nombre Digitela. Estas cajas inauguraron una nueva sublínea: las cajas armadas según las medidas de la cámara digital. Porque ocurre que las medidas estándar no coincidían en algunos modelos de cámaras.



Todas las cajas están armadas con fibrofácil (MDF) y con los interiores acolchados. Además vienen con cierres bronceados y las tapas vuelcan totalmente para facilitar la extraccción de la cámara.

En definitiva estas líneas se conviertieron en un homenaje a ese personaje del mundo jazzístico que fue Nano Herrera. Lamentablemente el año pasado se fue de gira, como dicen los músicos de mi país. Una anécdota lo ubica en el recuerdo grato de los músicos que lo conocieron y trataron.

Hace unos años se realizó un festival de jazz en la ciudad rionegrina de Bariloche, plena Patagonia argentina. En una mesa tomando un café estaban Quique Pesoa y Jorge Navarro, uno de los mejores pianistas de jazz de Argentina. En eso ven que por la vereda venía caminando Nano Herrera, junto a un tipo. Nano era una mole humana con un vozarrón de caverna. El tipo que lo acompañaba era más grande que él. Jorge Navarro, que tiene un humor exquisito, le dice a Pesoa: "hay viene Nano con su estuche".

Un recuerdo para Nano un tipo que supo ganarse muchos amigos en el tránsito por este mundo que nos toca vivir.

Mauricio Uldane
artesano entelador

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