miércoles, 24 de febrero de 2010

Así lo hice (cuarta entrega)

Los anotadores entelados


Los Anotadelas nacieron por poner un poco de orden en mi casa. Sí, ordenando aparecieron varios rollos de papel, como los usados por las calculadoras de mesa. Esos que tienen un ancho de 57 milímetros y un largo de 30 metros.

Mi cuñado me dijo que podía hacer un anotador para la lista de artículos para el supermercado. Así que me pareció buena la idea y puse manos a la obra.





En enero de 2007 vio la luz la pieza número 1 del anotador con imanes. Todavía está en mi casa cumpliendo con sus funciones. Está adherido a un horno empotrado que no está empotrado.

La Anotadela tiene en su espalda imanes de goma para ponerlos en superficies metálicas, como la puerta de una heladera. Además tiene un pedazo de sierra para poder cortar la tira de papel.


La sierra es la mitad de una sierra júnior que barnizo para que no se oxide con el paso del tiempo. Antes me tomo el trabajo de pulirla para quitarle el empavonado que trae de fábrica.


Los anotadores con imanes también tienen un travesaño de madera entelado para tensar la tira de papel. Los soportes son varillas de madera, igual que la que sostiene el rollo de papel. Todo esto está montado sobre un pedazo de fibrofácil (MDF) que es el cuerpo del anotador.




Durante el mismo año, 2007, nació el Anotamela, anotador de mesa. Iguales al Anotadela, salvo que tienen dos patas y no trae imanes. Este anotador nació como regalo de cumpleaños para mi padrino. Por supuesto quedó en el catálogo como una pieza más.




El Anotapela, anotador de pared, vio la luz por el pedido de una clienta que no tenía espacio para ponerlo al lado del teléfono. Y quería colgarlo en la pared para tenerlo a mano. Por lo tanto este anotador tiene un gancho, en el dorso, para colgarlo de la pared.


Así que por una necesidad hogareña se armó, sin querer, una línea de anotadores entelados. Con el tiempo también generaron otra línea: regalos empresariales.


Un comercio de distribución de alimentos de San Miguel me encargó 20 anotadores de mesa para regalar entre su clientela. Esa necesidad inicial produjo una serie de sucesos que armaron una línea de anotadores entelados y una división de regalos empresariales.




Algo doméstico como unos rollos de papel, que estaban arrumbados, dieron origen a piezas que trascenderían las fronteras de mi hogar. A veces una idea, que se motivó por una necesidad específica, arma una serie de acontecimientos que no estaba en los planes de nadie.


Por eso es que no suelo descartar las ideas o sugerencias que me acercan amigos o conocidos. Solo hay que esperar el momento oportuno para que la nueva pieza vea la luz.


Mauricio Uldane
artesano entelador

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