jueves, 8 de enero de 2009

La obsesión por entelar

Hace 14 años en un enero arrancaba esta pasión mezclada con obsesión que tengo de entelar artesanías.

Todo empezó por una caja que iba armar con cartón que estaba en mal estado. Entonces tomé una decisión política: tapé con tela lo sucio que había debajo... Uno aprende de los políticos de mi país.

De esta forma fortuita empezó mi carrera de entelador de artesanías. En ese mismo año haría una cómoda en miniatura toda de cartón con partes de madera balsa. Durante esa primera etapa era un purista del cartón. Llegué a fabricar bisagras de cartón para los cofres y baúles que construía. Estaba totalmente loco o apasionado según se mire.

La mayoría de las artesanías de esta primera etapa tenían como destino ser regalos para familiares, amigos y algunos conocidos. De esta forma fui sin darme cuenta forjando una carrera con aprendizaje en mis allegados.


Uno de los que ligó parte de mi producción de cartón entelado es
Quique Pesoa. Él en su hostería “La Merced”, de San Marcos Sierras, provincia de Córdoba, tiene varias piezas que le regalado a lo largo de los años que fui oyente de sus programas de radio. Hace un tiempo me lo crucé en Buenos Aires y me dijo que a los huéspedes que le preguntan por mis artesanías, les dice que “las hace un loco que vive en San Miguel”.

Lo más complejo que le hice a Pesoa fue una radio capilla de tamaño natural con un peso de unos tres kilos. Armada en su mayoría en cartón y con otros elementos como maderas, metales y tubos de ensayo. Hacer esa pieza única me demandó unos tres meses. En esa época tenía otro trabajo y en mis horas libre armaba las artesanías a modo de hobby.

Ese entrenamiento inconsciente me sirvió para aplicarlo en otras piezas que irían apareciendo con el transcurso de los años. Nada fue premeditado, pero todo tuvo su tiempo y su lugar.

A principios del 2008 me llamaron de Taller Plaza Lezica para dar cursos de entelado y la meta de la directora del taller era que al finalizar el curso los alumnos armaran un
buzón alcancía de que los hago. Cuando le dije que a mí me llevó unos siete años llegar hasta el buzón alcancía comprendió que esto no es para cualquiera. No por elitista sino por la dedicación y el grado de compenetración que demanda armar una determinada pieza. Lo cual no quiere decir que no se pueda aprender, lo que hay que tener es ganas, pasión y un poco de locura.


Hace poco cuando le llevé un
buzón extra grande a una clienta y me dijo: “es como un hijo”, por eso tiene nombre le respondí. Es una forma de llamarlos: Buzonela, Comodela, Radiela o como se llame. Años atrás una psicóloga había llegado a la misma conclusión.

Cuando me quedé sin trabajo entelar me ayudó a superar la crisis. El oficio que aprendí solo sumando diferentes partes de otros oficios o técnicas me sirvió de terapia alternativa. El entelar artesanías fue un refugio para mi mente. La preservó y la mejoró. Por supuesto que la locura sigue intacta, si se apaga todo se va al diablo.

A veces pienso que hay un niño juguetón dando vueltas en su triciclo en mi cabeza y cuando se para a ver algo es cuando tengo una idea. Me la apropio y la desarrollo. Pero siempre conservando esa cosa natural y fresca. Como debe ser una pieza original y de calidad.


Mauricio Uldane
artesano entelador

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