sábado, 3 de noviembre de 2007

“¿Y dónde vendes?”

La pregunta que siempre me hacen luego de ver algunas de mis artesanías enteladas. La respuesta la encontrarán en las siguientes líneas. Pero, como decía Jack: “vamos por partes”.

Hacia mediados de 1998 tuve la peregrina idea de armar unas carpetas para dar a conocer mis trabajos. Me fui a lo que ahora llaman graciosamente Palermo Soho y que para mí sigue siendo Palermo Viejo. Allí hace casi diez años no existía la movida de diseño textil. En esos tiempos la movida era de diseño de decoración y arte.

Dejé en varios locales esas carpetas con fotos y textos explicativos de mis piezas artesanales. En aquella época sólo hacia piezas únicas. Los locales que visité fueron (los que me acuerdo): Claroscuro, Gara, Calma Chicha y otro local en una esquina de Serrano a media cuadra de la Plaza Cortázar. La mejor respuesta fue en Claroscuro: “muy buenos sus trabajos, pero este año no estamos comprando a ningún artesano”. Nadie pidió ver alguna de mis piezas. Una cosa es ver una foto y otra muy distinta es el producto en vivo y directo. Una sola excepción: el local que no recuerdo el nombre y que no existe más pidió ver algo de lo que hacía.

Le llevé un aparador en miniatura que había hecho para ser exhibido en una vidriera de un comercio de Muñiz, cosa que nunca ocurrió. Me acuerdo que hablé con una tal Raquel. El comercio en cuestión importaba “artesanías” del lejano oriente. Léase India, Tailandia o Pakistán. Artesanías que no son tal. Lo que hacía esta mujer era comprar en el exterior al por mayor para vender y distribuir en el interior del país.

Cuando vio la pieza me preguntó cuanto tiempo me había demandado de trabajo. Le contesté que seis semanas. Me dijo que ese tipo de piezas era muy difícil de vender en locales o ferias artesanales. La única forma de venderlas era trato directo con el comprador. No le creí. Incluso me dijo que si fuera Nueva York tendría posibilidades de algún éxito. A lo que le respondí que si fuera Nueva York sería un latino inmigrante.

El tiempo lamentablemente le dio la razón. Hasta el momento de escribir estas líneas no he podido vender mis piezas en locales dedicados a las artesanías. Sólo he logrado colocar
baúles chicos en un comercio de San Miguel dedicado a la venta de café, chocolates y bombones. La dueña logró venderme esas piezas con un cuarto de bombones en su interior.

Dos factores son los preponderantes en estas ventas: la dueña no ganaba porcentaje alguno sobre el producto y por otro lado no era un negocio del ramo de las artesanías. Como ocurre en buena parte del Gran Buenos Aires la dueña del local tuvo que dejarlo por el alza del alquiler. Mudó el local a su casa en un barrio no céntrico de una localidad vecina.

Los comercios dedicados a regalería, decoración o venta de artesanías pretenden, en la mayoría de los casos, armar su local con el laburo de los artesanos y las artesanas. Porque esta gente toma en consignación las piezas artesanales.

El otro grupo quiere ganar a cuesta de nuestro trabajo. Con un porcentaje de 50% de ganancia sobre el precio de costo es difícil vender. A mí me costaría vender un
buzón alcancía con ese sobreprecio. La pieza la vendo a $35. Un precio razonable pero con esos porcentajes es complicado lograr ventas. El otro problema es que no tienen el chiste de hablar con la artesano o el artesano para conseguir un precio más bajo por cantidad.

Creo que el principal obstáculo es que los dueños o dueñas de locales no son artesanos. Ven las artesanías de calidad como un producto industrializado y no alcanzan a comprender el trabajo de las piezas.

Mis piezas son numeradas y fechadas. Para más datos el
buzón alcancía, del ejemplo anterior, me demanda una semana de trabajo. De esa forma queda con un acabado y una terminación de calidad. No creo que el precio sea un disparate. Por eso digo que los comerciantes no tienen en cuenta estos datos para vender.

Contra lo que los comerciantes suponen hay un público que desea adquirir piezas artesanales de calidad. Además de conocer algunos datos acerca de la construcción. Por ejemplo mis
portarretratos están armados en fibrofácil en una sola pieza. Con lo cual si por accidente se cae al piso no se desarma como un castillo de naipes.

Volviendo a la pregunta del título. La respuesta es: trato directo con el cliente. En marketing le dicen venta directa. Además el público que compra es de clase media trabajadora. Más para abajo en la escala social, que para arriba. El público de alto poder adquisitivo, el ABC1, no compra lo que hago. No me pregunten por qué. No lo sé.

Estuve yendo a Palermo Viejo durante unos cinco meses entre los años 2005 y 2006. Totalmente ilegal en la calle Honduras. Para más datos al 5050, en el frente de la casa Ratti. Lo único que vendí fueron
buzones alcancías tanto a argentinos como a turistas extranjeros. Siempre al mismo precio para los dos públicos. Los mejores días de venta lograba colocar tres buzones. El mejor fin de semana vendía cuatro buzones en dos días. Cómo se ve una venta “estupenda”.

Por eso insisto con la venta directa y el trato con el cliente. Explicando como está armada la pieza y que materiales fueron los empleados. Eso funciona pero es mucho más lento en los resultados. Los clientes satisfechos vuelven o recomiendan.

Para finalizar si alguien que lee estas líneas y tiene una idea acerca de porque no funciona la venta de artesanías de calidad en los comercios del ramo, hágamelo saber. Deje su comentario. Puedo estar equivocado y no saberlo. Lo que sí se es que mi trabajo vale. También vale mi dedicación y mi pasión en mi trabajo. Hago esta tarea artesanal porque la siento como algo que estuve buscado durante mucho tiempo. Reconozco que es mi camino a seguir, además de recibir el reconocimiento de muchas personas. Por eso creo no estar equivocado en la tarea elegida. Tal vez erré la senda de la comercialización.


Mauricio Uldane
artesano entelador

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sábado, 27 de octubre de 2007

La creatividad nuestra de cada día

A veces algunas personas me preguntan cómo se me ocurre tal o cual objeto. La verdad que la inspiración suele asaltarme en el baño, en la cama o cuando camino. No hay una regla fija. Hay artesanías que nacen por una necesidad otras como un regalo de cumpleaños. Así nació el buzón alcancía (Buzonela), tal como lo conté en Vendo buzón en buen estado.

Las mayorcitas y los mayorcitos recordarán los disquetes de 5 y ¼ de pulgadas que usábamos en las viejas XT o AT. Para quienes por su edad desconozcan que estoy describiendo los invito a investigar o averiguar sobre el tema. Volviendo a los viejitos y viejitas, ¿se acuerdan de las cajas en que venían esos discos? Como tenía varias y no sabía que hacer las convertí en
tarjeteros con imanes para la puerta de la heladera. Por supuesto que eran de cartón, que reforcé y luego entelé. Con el tiempo llegué a hacerlos de fibrofácil (MDF).

Una idea que resultó exitosa. Aunque no siempre lo creativo funciona en el mercado de las artesanías. Unas amigas me pidieron si podía hacer un portarrollos de papel de cocina. Lo que salió lo terminé bautizando mingitorio erecto. Hasta la fecha no he vuelto a realizar portarrollos. Es una deuda que tengo conmigo.

A principios de este año y luego de revolver en algunas cajas dimos en mi casa con rollos de papel de 57 milímetros por 30 metros. Estos rollos son los que usan las calculadoras de mesa. Aunque estos estaban empezados o amarillentos. Decidí darle utilidad a los rollos armado un anotador con imanes para la puerta de la heladera. Un éxito que devino en dos modelos más: con patas para mesa y con gancho para colgar en la pared. Así nacieron las
anotadelas, anotamelas y anotapelas.

Las ideas pueden venir y estar un buen tiempo dándome vueltas por la cabeza hasta alcanzar su maduración. Otras veces algo que veo en la calle dispara una serie de conceptos en mi cerebro que se van uniendo hasta lograr definirse como objeto. De esta forma nació el
saquelate o aparador de té. En un negocio que vende artículos de fibrofácil (MDF) vi un mueblecito que provocó una cataratas de ideas mientras caminaba por las calles de San Miguel. Las ideas se unieron para, luego de un par de días, darle la forma definitiva que obtuvo. Este nació para un regalo de cumpleaños y ya ingresó a la lista de productos entelados.

La creatividad no se puede transmitir, ni copiar. Sí puedo enseñar las técnicas para armar una artesanía entelada. La necesidad de satisfacer un pedido de un amigo o amiga puede disparar mi creatividad. Otras veces una clienta o cliente me hace un pedido concreto de una caja o baúl y el mecanismo se pone en marcha para lograr definir el producto deseado.

Hay ideas que tardan mucho tiempo en concretarse por diversas causas. Lo que sí tengo en claro es que si el producto no me gusta no lo hago. Además debe pasar por la critica de familiares y amigos. Cuando veo que el objeto en cuestión despierta la atención de los otros, significa que estoy por el buen camino. Mostrar que lo que hago es una práctica que sirve para testear el nuevo producto.

Algunas artesanías pueden ser muy originales e innovadoras pero no tienen respuesta en el público. La gente necesita conocer cual es su uso. No siempre pueden imaginar la función de determinados productos. Siempre hay que explicar su uso. A veces se sorprenden otras no logran enfocar la practicidad. Es una larga docencia. El trato directo con el cliente o clienta es fundamental para tener éxito. Por lo menos en las artesanías que salen de mi creatividad.

Mauricio Uldane
artesano entelador

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jueves, 18 de octubre de 2007

Los materiales y su lenguaje

Los materiales con los que trabajo tienen diversas procedencias. Algunos vienen o van a parar a la basura. Para muchos mortales pueden ser desechos para mí son objetos a convertir en artesanías.

No siempre trabajo con materiales desechables a veces uso telas que cumplieron su ciclo de vida. Por ejemplo un jean viejo, gastado, manchado y con algunos agujeros. Lo puedo convertir en la piel de una caja o un calendario. Mis amigas y amigos me guardan los pantalones de denim (jean) que no usan más. Me encargo de desarmarlos para su posterior utilización. Algunas veces los utilizo del derecho y otras del revés. Depende del estado de deterioro que presenten.

La palabra reciclado está muy usada y bastardeada al igual que la palabra artesanía, por eso prefiero hablar de reprocesado o reutilizado. Porque la idea base es que no se sepa el origen del material que integra la pieza entelada. La mayoría de las veces debo explicar con que materiales fue armada la artesanía en cuestión.

En otras ocasiones compro telas, cartones o fibrofácil (MDF) nuevos. Depende de la ocasión o del efecto que quiera lograr en el acabado de la pieza que estoy armando.

Los cilindros que integran los buzones alcancías (ver Vendo buzón en buen estado) son material desechable que va a parar a la basura.

En un principio trabajaba solamente con cartones nuevos o usados. Era un purista del cartón y hacía mis trabajos solo con cartón que luego entelaba. El purista en las artesanías es un señor encerrado en un cuarto muy estrecho. Con el tiempo me di cuenta que estar un poco contaminado es muy saludable para las artesanías. Ahí empecé a incorporar otros materiales de diversa índole. Desde plásticos a hierros pasando por maderas hasta llegar al fibrofácil (MDF).

Al fibrofácil llegué por un amigo, Marcelo Mistó, que me trajo un día unos pedazos grandes sobre el techo de su auto. Los había recogido la madre de él en la calle. La madre de mi amigo vivía cerca de los estudios de Canal 9. Lo que mi amigo me trajo fueron partes de las escenografías de los estudios de televisión. En su mayoría fibrofácil (MDF) de 3 y 5 milímetros pintados en una de sus caras con látex. Por ese entonces estaba saliendo de mi etapa purista de cartón.

Con el tiempo incorporé poco a poco este nuevo material que mi amigo me trajo creyendo que era cartón. Probé y probé hasta que lo asumí como un nuevo elemento en el armado de mis artesanías enteladas.

Los materiales tienen su lenguaje propio solo hay que saber escucharlos. No es que hable con un pedazo de cartón o con uno de fibrofácil, lejos estoy de hablarle a una tostada. Si no que los diferentes materiales tienen su comportamiento y adaptación para llegar a lograr lo que quiero. Hay que conocerlos y saber cuales son sus virtudes y defectos. No se les puede exigir una prestación distinta para la cual fueron diseñado. Respetando sus cualidades se pueden lograr efectos sorprendentes. Luego está en nosotros lograr que parezcan lo que no son.

Los materiales deben ser respetados en su esencia de lo contrario se los obliga a comportarse de otra forma. Si sabemos usarlos pueden sernos muy útiles para lograr nuestro cometido. No hay que pelearse con los materiales.

No es filosófico, sino que hay que entender las cualidades de los materiales que vamos a usar en nuestros trabajos. Si entendemos estas simples reglas los resultados obtenidos pueden ser muy buenos.

Mauricio Uldane
artesano entelador

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miércoles, 10 de octubre de 2007

Artesanías bien terminadas

El tiempo y la experiencia me han llevado a darle una buena terminación final a mis piezas artesanales. Con el correr del tiempo me fui dando cuenta que una artesanía no sólo tiene que ser original sino que debe estar bien terminada.La gente suele valorar el acabado final de una pieza artesanal. No es cosa de hacer artesanías que a los dos días de compradas se desarmen cual castillo de naipes. Los compradores aprecian que lo que adquieren, más allá del valor desembolsado, esté bien armado. Sobretodo si la pieza en cuestión va tener un uso diario o periódico. No es cuestión que a la tercera vez que abra la caja se quede con la tapa en la mano. O aquella caja de té donde el vidrio se quedó dentro de la caja, cuando levantó la tapa para sacar un saquito. Por esto último es que si armo una caja de té, con vidrio en la tapa, le pongo un marco con tornillos para que en caso de rotura, el vidrio pueda reemplazarse.
Pienso desde el lugar de clienta o cliente. No me gustaría comprar algo y luego sentirme estafado. No hago las artesanías para safar de la situación económica, las hago porque me gusta y amo lo que hago. Le pongo pasión, un poco de obsesión, otro poco de habilidad manual y algo de experiencia. Todo regado con creatividad y originalidad. Ser original, o tratar de serlo no es una tarea ni fácil, ni sencilla.
Muchas de mis piezas ni remotamente las inventé, ya estaban dado vueltas por el mundo, solamente les di una vuelta de tuerca. Como un calendario perpetuo de pared, lo que hice fue entelarlo en jean y corderoy usados. Por eso digo que no inventé la pólvora sino que le hice un envase más lindo.
La solidez de una caja es importante a la hora de usarla cotidianamente. Por esto las cajas las hago yo. Compro retazos de fibrofácil (MDF) para armar la caja. De ninguna manera compro una caja hecha. Primero por que las que suelen vender en los comercios del ramo están muy mal armadas. Segundo porque las que sí están bien armadas son muy caras. Además las armaron para ser pintadas, patinadas o dejarlas en crudo y yo las necesito para entelarlas.
Desde que armo una pieza estoy pensando como va ha quedar terminada. También tengo presente que problemas aparecerán en el armado.
Otro detalle que la gente mira de una caja es si tiene patitas. Patitas que pueden ser de goma eva, neoprene o pañolenci. Le pongo esas protecciones para evitar rayones en las superficies de apoyo.
Mi grado de obsesión llega a barnizar las bisagras de las cajas. En un principio las cajas las armaba con bisagras de bronce. Pero cuando llegó la crisis del 2002 tuve que resignar el bronce por el bronceado. Busqué unas bisagras de hierro bronceadas de buena calidad. Para evitar su posible oxidación las barnicé. Este detalle muestra mi consideración por el acabado final de una pieza.
Muchos me dicen que es un gasto no redituable. Pero para mí lo que reditúa es saber que las clientas o los clientes se van satisfechos con su compra, y muchas veces vuelven a adquirir mis artesanías enteladas.
El mayor elogio que puedo recibir de parte de la gente es: “que bien terminada que está”. Cuando no pueden distinguir donde empieza una tela y continúa la otra. El objetivo está logrado, de ahí puede venir el enamoramiento por la pieza. Misión cumplida o como decía Aragón, en el “Juego de la oca”: “prueba superada”.

Mauricio Uldane
artesano entelador

jueves, 4 de octubre de 2007

¿Por qué no puedo tener mi propia marca?

Eso es lo que pensé a principios de los ´90. Estaba harto de las marcas. Me refiero a las marcas expuestas. Nosotros los clientes les hacemos publicidad gratis a las marcas. Todo el tiempo estamos viendo marcas de los más variados rubros.

Tom
é la decisión de crear mis propias marcas en contra de esa tendencia. Además coincidió con mi deseo de hacer productos con las manos. Es decir realizar productos artesanales que no fueran desechables. Me molesta el use y tire. Por eso estos dos conceptos: las marcas y lo artesanal, van de la mano.

También por
aquella época, la era Menem, todo se importaba hasta lo más sencillo y fácil de fabricar. Lo “made in” me tenía harto. De ahí nació mi “Made in San Miguel” que a partir del 2002 cambió al “Hecho en San Miguel, Argentina”, como defensa a lo producido en el país.


Las marcas y el origen de las piezas nacieron como una humorada y han quedado como un estilo o firma. Desde el principio las piezas que armaba tenían nombre como marca. Todas con la terminación “ela” porque las piezas estaban recubiertas de tela. Algunas veces las marcas quedan como un trabalenguas, pese a todo la gente se divierte con ese pequeño chiste.

Como nombre de empresa había creado “Todo Tela”. Todo con un gran chiste. Hoy por hoy la denomino como “Artesanías enteladas de Mauricio Uldane”. Dando prioridad a darle un nombre y apellido a las piezas que salen de mis manos. No siempre los artesanos le dan un nombre a sus artesanías y menos le poden su nombre y apellido. Creo que es un gesto de compromiso. Al ponerle mi nombre y apellido a las piezas que salen de mi creación asumo una responsabilidad. La gente que adquiere una de mis piezas sabe que tipo de producto se lleva a su casa. Además tiene alguna forma de comunicarse conmigo.

Mi idea como artesano es que quien compra una pieza vuelva por otra. O que me traiga un nuevo cliente por una recomendación o porque vio la pieza en la casa de alguien.

Es un juego y como tal está hecho para divertirse. El primero que goza con este juego soy yo. Pero, si divierte o entretiene a alguien más, mejor así. Si podemos pasar esta existencia un poco mejor porque no hacerlo, aunque sea con una pavada como esta.

Mauricio Uldane
artesano entelador

http://mauulda.googlepages.com/losnombresylasmarcas

jueves, 27 de septiembre de 2007

Vendo buzón en buen estado

El primer buzón alcancía que armé fue a mediados de 1999. Lo hice para Quique Pesoa, un juntador de cosas viejas, no de antigüedades. Le regalé algo antiguo, pero hecho en la actualidad. Para este primer buzón recurrí a la memoria y por eso la puerta la hice al revés. Más tarde investigando fotos me di cuenta del error. La alcancía buzón tenía en su interior la saca en donde caen las monedas. La bolsa en cuestión se puede sacar del interior y cerrar la boca por medio de una soguita.

 
Mi cuñado, Marcelo Ramírez, empezó a decirme que él también quería un buzón alcancía. Lo tuve dos años penando. Un día se me apareció por casa con un cilindro de cartón de más de un metro de alto por 15 centímetros de diámetro. Ya no podía negarme a construirle un buzón. Puse manos a la obra y para su cumpleaños, en 2002, le regalé su ansiado buzón.

 
Al cumpleaños de mi cuñado vino una amiga en común, Inés Dzienczarski, cuando vio el buzón quiso uno de inmediato. “No tan grande, uno más chico porque quiero empezar a ahorrar”, palabras de mi amiga. Ahí comenzó otra etapa. Para el cumpleaños de ese año no se lo hice, tuvo que esperar al año siguiente.

Para entonces había conseguido otro tipo de cilindro o cono de cartón que me permitió armar el buzón con cerradura, tal como le había hecho a mi cuñado. Así fue como el 8 de abril de 2003, cumpleaños de Inés, se convierte en la fecha de inicio de la serie de buzones alcancías con cerradura.Ese día tenía que concurrir a mi odontólogo, el Dr. Carlos Alonso. Al cual le mostré el regalo para mi amiga Inés. Quería que se lo dejara. Tuve que explicarle que era un regalo para una amiga que cumplía años ese mismo día. Lo convencí y arreglé hacerle otro buzón, lo quería para su nieto.

Mi día siguió con una visita a la radio. Por aquel tiempo Quique Pesoa tenía un programa, “La vereda”, en Radio de la Ciudad (OnceDiez). Mostré el buzón y otra vez el mismo efecto: “quiero uno”. Esta vez la que me pedía un buzón era Pupi Neufeld, locutora de la radio. Nuevamente accedí a hacerle otro buzón que le regalaría a una amiga.Mientras viajaba a la casa de mi amiga Inés pensaba que algo había en los buzones que atraía a la gente de esa manera. Para eso mi amiga ya sabía que le llevaba de regalo un buzón. Le mostré el buzón a Pesoa y este lo describió al aire, como solo él sabe hacerlo. La madre de mi amiga era oyente del programa y la llamó por teléfono para contarle lo del buzón.

Esos buzones eran más altos que los actuales. Por pedidos de varios potenciales clientes reduje el tamaño y el precio. De estos buzones hice 12 piezas hasta la fecha. De los otros, los actuales más petisos, tengo armados, hasta el momento de escribir estas líneas, 87 piezas.De mi paso por las calles de Palermo Viejo nacieron los buzones para guardar billetes, además de monedas. Los clientes que visitaban la zona me pedían buzones para ahorrar billetes en cambio de monedas. Tuve que modificar las gargantas, así se denominan las entradas, de los buzones. Ya que los normales tienen una aleta interna que impide sacar la moneda que se metió, salvo que se abra la puerta.

A mediados de este año incorporé los otros colores históricos de los buzones. Me tomé el trabajo de acercarme al Museo Postal y Telegráfico para averiguar datos técnicos de los buzones. Allí Soledad Maidana y Carlos Barba me atendieron muy bien, dándome toda la información que les solicite.
La idea era hacer una serie de buzones pintados en amarillo y negro y en azul y amarillo, colores que fueron usados por el correo oficial en diferentes etapas de la historia de la empresa postal.

Así llegamos al 2007 con tres años haciendo y vendiendo buzones a la gente. Clientes que compran contentos y algunos hasta reinciden en la compra.El fenómeno buzón tiene distintos motivos que mueven recuerdos o sentimientos. Para los más viejos les recuerda los buzones de las esquinas. A otras personas les rememora las cartas que dejaban en su interior cuando eran muy chicos y algún adulto tenía que alzarlos para poder ingresar el sobre. Muchos recuerdan como ahorraban en buzones alcancía de lata o plástico en su infancia.

Los sentimientos son cálidos y afectuosos para con los buzones alcancías. Los buzones están muy presentes en la memoria colectiva de los argentinos. Aunque para algunos es una cosa del pasado, sin embargo en algunos barrios de la ciudad de Buenos Aires siguen prestando su servicio al Correo Argentino.Por eso sigo vendiendo buzones, y la gente los compra contenta.

Mauricio Uldane
artesano entelador

San Miguel, Buenos Aires, Argentina

jueves, 20 de septiembre de 2007

De cómo empecé a entelar objetos

Todo comenzó a principios de 1994 cuando tenía que armar una caja de cartón y no tenía nada en buen estado. Decidí tapar con tela los daños del cartón. Uno aprende de los políticos. Un buen maquillaje tapa todas las viejas imperfecciones.

Así inicié una actividad, como un juego, hasta el día de hoy. En un principio fue un pasatiempo que combinaba con mi actividad laboral. Por aquellos tiempos trabaja como operador en pantalla armando una revista económica en una editorial especializada.

Más tarde al quedarme sin trabajo, ya que a la editorial le resultó más barato despedirme que blanquearme, me dediqué de lleno a la actividad artesanal. Tuve otros trabajos temporarios, pero duraron como un caramelo en la boca. De más está decir que durante la era Menem me despieron tres veces, de diferentes trabajos. En el último despido me quedé afuera del sistema. Uno es viejo antes de los 40 años.

A partir del 2002 me aboqué de lleno a tratar de vivir de mis artesanías enteladas, no siempre con buen éxito. Pese a todo sigo empecinado en lograrlo.

La técnica es sencilla: por ejemplo, me propongo hacer una caja de fibrofácil (MDF) y en cambio de pintarla la entelo. Lo hago por fuera y por dentro. Lo puedo hacer con una tela como el denim o jean. O puedo usar alguna variedad de algodón o lienzo y pintarla con acrílico.

La primera cosa que entelé, tal cual lo hago ahora, fue una cómoda en miniatura. La hice en cartón y madera balsa. La entelé en lienzo y luego la pinté en su totalidad, incluso en su interior. De esta manera logré una mayor resistencia al paso del tiempo.

Esa cómoda fue un regalo de cumpleaños. Hace unos dos años la dueña que pidió que le cambiará el color para que le hiciera juego con la decoración de su casa.
La cómoda fue el arranque de una variedad de objetos que van desde cajas a baúles, pasando por calendarios perpetuos y relojes para terminar en un buzón alcancía.

Con el tiempo y la crisis incorporé la posibilidad de entelar sin pintar. Usando para ello telas de jean, corderoy, pana sintética o lycra entre otras.



Los materiales que uso para mis artesanías proceden de diversos orígenes. Desde materiales que son destinados a la basura por cualquier mortal hasta productos nuevos sin uso. Sin embargo la mayoría de las telas que utilizo son usadas. Por ejemplo jean viejos, sábanas usadas o medias rotas. Esto no quita que también, dada la ocasión, trabaje con telas nuevas.

Mi objetivo al usar materiales de descarte no es reciclar, sino transformar. Difícilmente el destinatario o posible comprador de una de mis artesanías descubra con que material esta hecha la pieza. Puede sospecharlo pero no tiene la certeza. De ahí parte de mi trabajo posterior es el de contar cómo fue armada la pieza en cuestión.

La idea base de mis artesanías es: un poco de arte o diseño para una pieza de uso cotidiano. El objetivo final es de alegrar un poquito la vida diaria. No porque sea una artesanía debe ser rústica y mal terminada. Todo lo contrario, para diferenciarse del resto hay que hacer una pieza bien terminada y de buen gusto.

Mauricio Uldane
artesano entelador

septiembre 2007
San Miguel, Buenos Aires, Argentina
http://entelados.weebly.com/