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miércoles, 12 de agosto de 2009

La capacidad escondida

El sábado pasado cuando asistí al programa de radio “Familia Pesoa”, que se emite desde el Paseo La Plaza, su conductor Quique Pesoa dijo algo acerca de algunos cantantes de tango que me emparentó, en algún sentido.

Pesoa dijo: “que algunos cantantes de tango no muestran todo lo que pueden dar con la voz”. Si no que enseñan un “cuartito” de su capacidad vocal. Como para dejar tranquilos a los escuchas.

En cierta forma me pasa lo mismo. No pongo toda la carne al asador, como decimos por estos lares. Con mostrar una puntita de lo que sé hacer alcanza. El resto está latente en alguna parte, tal vez esperando la oportunidad máxima para expresarse.

No por mezquindad sino para no molestar al público. De nada sirve que les muestre una artesanía recargada, barroca. Lo simple es más difícil. Es más complejo insinuar que enseñar todo. De eso el erotismo sabe mucho.


Puedo hacer una artesanía compleja y rebuscada, pero no siempre me gusta trabajar de ese modo. La sencillez suele ser mucho más sublime. Muchas veces me preguntan si puedo armar una pieza compleja y les digo que sí, que tengo la capacidad de hacerla.

Ahora la pregunta es: ¿la van a pagar por lo que vale? Ideas tengo muchas pero no siempre son viables desde el punto de vista económico. De ahí mi vocación por construir artesanías enteladas simples de uso diario, que además tenga un buen diseño y calidad de terminación.

Algún día, quizás, muestre todo mi potencial y después ¿qué?


Mauricio Uldane
artesano entelador

jueves, 7 de febrero de 2008

Ser original y no morir en el intento

¿Qué es ser original? Me pregunto muchas veces. Porque en algunas ocasiones recibo como halago: “tus trabajos son muy originales”.

Tal vez ser original sea no ser igual al resto. O diferenciarse del resto por un detalle o una terminación. O acaso ese diseño que se destaca del montón.





Como ven, tengo dudas. Por eso existo, como diría el viejo Descartes. Debo reconocer que algunas dudas las he resuelto. Pero a otras no le encuentro respuesta convincente.

El trabajo de ser original es arduo. Porque si me dejo llevar en poco tiempo puedo estar haciendo lo mismo que los demás. No quiere decir que el trabajo de los demás sea malo. Si no que ya está visto. Y de visto pasa a ser remanido.




Muchos adoptan el trabajo fácil de hacer lo que el rebaño sigue. Pero a mí no me convence. He sido viento en contra de chico, tal vez por una personalidad bastante definida desde la adolescencia. Las modas conmigo no siempre simpatizan. Trato de buscar algo que perdure un tiempo mayor. No que sea para toda la vida, pero que siga vigente luego de transcurrido un tiempo prudencial. Mis trabajos no son amores de verano.

Tratar de diferenciarse de la manada es una tarea diaria. Diría que una lucha intestina, con el perdón del término. No por eso lo que arroje esa lucha será un desperdicio. Todo lo contrario. Buscar un detalle, un estilo o una buena terminación no es una tarea sencilla. Parece sencillo al final, cuando el producto está acabado. Pero el proceso suele ser largo y complejo.

Mucho de ese proceso de macerado se da en mi cabeza. Viendo y reviendo cómo hacer esto o aquello. Qué problema me va ha acarrear determinada construcción, para luego ser entelada. Hay que pensar por adelantado. Avanzando unos pasos delante de lo que estoy haciendo.



Puedo enseñar la técnica. Puedo transmitir el uso de materiales. Puedo comunicar los pasos de la construcción. Pero no lo que no puedo es enseñar a crear. En realidad lo que no puedo comunicar es la manera en que se me ocurren las ideas. Como una idea dispara otra logrando una reacción en cadena. Cadena que en un momento dado hay que ponerle fin.

No todas las ideas son realizables. Algunas tienen tal complejidad de armado que generan productos que no son comerciales. Se podrían realizar pero el costo final sería sideral. Las ideas no se agotan. Durante mucho tiempo pensé que una mañana me iba a despertar sin ideas. Hasta ahora nunca ocurrió. Es verdad que hay épocas de vacas flacas. Pero con una buena pastura están listas para el matadero.

Por todo esto digo que ser original no es una tarea sencilla. Es un trabajo arduo, pero que bien encarado sé retroalimenta. Lo único que hay que cuidar al ser original es no forzar la situación. Debe ser algo natural y espontáneo. Si no podemos caer el en ridículo, de donde es difícil volver.


Mauricio Uldane
artesano entelador

jueves, 17 de enero de 2008

Si querés copiar, copiá

La frase que impuso la vedette pulposa, con envase de silicona, me vine bien para desarrollar un tema que tiene sus bemoles. El tema de la copia de diseños, piezas o artesanías.

Desde el momento que subo una foto a Internet puedo ser víctima de una copia. Ahora, si no muestro lo que hago ¿cómo se entera el resto del mundo de mis trabajos?. Un dilema. También estoy expuesto a ser copiado cuando exhibo en una feria, en la vidriera de un comercio o cuando hago un regalo.

El tema no es la copia. El tema es: si me copian ¿puedo sobrevivir sin tener que recurrir al psicólogo? Porque por una pieza que me copien no voy a morir de sed de ideas. Aparecerán otras ideas que reemplacen a la pieza copiada.

Cuando a uno le copian una pieza puede sentarse a protestar, porque parado cansa. O sentirse orgulloso o contento de que alguien valore el trabajo realizado. Porque si copia quiere decir que algo vale. También se copia lo malo, como dicen las viejas. Cosa que sucede con mayor rapidez.

El meollo de la situación es: sólo tengo una idea y no la muestro mucho porque temo profundamente que me la roben. O la verdad de la milanesa es que soy un mediocre (no me gusta usar esta palabra, porque siempre está en boca de mediocres). Una mejor definición sería: no tienen el suficiente talento para crear por su propia cuenta. O son unos vagos irremediables y buscan resolver problemas que otros ya solucionamos.

Cuando estuve en Palermo Viejo (ver “¿Y dónde vendes?”) un turista sacó una foto de unos de mis
calendarios perpetuos. Una compañera artesana me dijo: “no tendrías que haberlo dejado que sacara la foto”. Mi respuesta fue: “si pueden hacer una copia igual habrán hecho un buen trabajo”. El chiste es hacer algo mejor. Ahí si estamos frente a un competidor a tener en cuenta.

Un tema un tanto complejo son los celos entre los artesanos en las ferias o puestos en la calle. Tienen un alto índice de competitividad. Están todo el tiempo mirando que vende uno u otro. Además en el medio hay gente con mala leche. Muchos no tienen empacho en copiar lo que hace un compañero y luego ponerse al lado a vender lo mismo. Esto de vender lo mismo uno al lado de otro será tema de una entrada futura.

Personalmente no me molesta que me copien. Lo que pasa que para hacerlo en serio hay que laburar mucho, pero mucho. No porque lo que haga sea exceso, sino porque es original y eso es difícil de copiar. Uno puede estar influenciado por el estilo de otro, pero no es una copia. La copia por sí misma adolece de espíritu a diferencia de las influencias de estilo. La originalidad es un trabajo arduo, un trabajo de todos los días y de todo el tiempo. En algún momento escribiré algo al respecto.

Vivimos en un mundo de copias, algunas mejores que la original. Con lo cual deja de ser una copia para pasar ha ser un mejor producto que el original. Es el discípulo que supera al maestro. Con esto no quiero alentar a la copia, pero cuando uno empieza en esto tiene referentes. Cuando comencé a pintar tela copiaba Mafaldas que luego pintaba. Llegó un momento que me harté. La última Mafalda se la pinté a mi amiga Inés en un buzo. Ahí terminé de entender que ya tenía un estilo propio y no tenía necesidad de copiar a nadie.


Mauricio Uldane
artesano entelador

sábado, 27 de octubre de 2007

La creatividad nuestra de cada día

A veces algunas personas me preguntan cómo se me ocurre tal o cual objeto. La verdad que la inspiración suele asaltarme en el baño, en la cama o cuando camino. No hay una regla fija. Hay artesanías que nacen por una necesidad otras como un regalo de cumpleaños. Así nació el buzón alcancía (Buzonela), tal como lo conté en Vendo buzón en buen estado.

Las mayorcitas y los mayorcitos recordarán los disquetes de 5 y ¼ de pulgadas que usábamos en las viejas XT o AT. Para quienes por su edad desconozcan que estoy describiendo los invito a investigar o averiguar sobre el tema. Volviendo a los viejitos y viejitas, ¿se acuerdan de las cajas en que venían esos discos? Como tenía varias y no sabía que hacer las convertí en
tarjeteros con imanes para la puerta de la heladera. Por supuesto que eran de cartón, que reforcé y luego entelé. Con el tiempo llegué a hacerlos de fibrofácil (MDF).

Una idea que resultó exitosa. Aunque no siempre lo creativo funciona en el mercado de las artesanías. Unas amigas me pidieron si podía hacer un portarrollos de papel de cocina. Lo que salió lo terminé bautizando mingitorio erecto. Hasta la fecha no he vuelto a realizar portarrollos. Es una deuda que tengo conmigo.

A principios de este año y luego de revolver en algunas cajas dimos en mi casa con rollos de papel de 57 milímetros por 30 metros. Estos rollos son los que usan las calculadoras de mesa. Aunque estos estaban empezados o amarillentos. Decidí darle utilidad a los rollos armado un anotador con imanes para la puerta de la heladera. Un éxito que devino en dos modelos más: con patas para mesa y con gancho para colgar en la pared. Así nacieron las
anotadelas, anotamelas y anotapelas.

Las ideas pueden venir y estar un buen tiempo dándome vueltas por la cabeza hasta alcanzar su maduración. Otras veces algo que veo en la calle dispara una serie de conceptos en mi cerebro que se van uniendo hasta lograr definirse como objeto. De esta forma nació el
saquelate o aparador de té. En un negocio que vende artículos de fibrofácil (MDF) vi un mueblecito que provocó una cataratas de ideas mientras caminaba por las calles de San Miguel. Las ideas se unieron para, luego de un par de días, darle la forma definitiva que obtuvo. Este nació para un regalo de cumpleaños y ya ingresó a la lista de productos entelados.

La creatividad no se puede transmitir, ni copiar. Sí puedo enseñar las técnicas para armar una artesanía entelada. La necesidad de satisfacer un pedido de un amigo o amiga puede disparar mi creatividad. Otras veces una clienta o cliente me hace un pedido concreto de una caja o baúl y el mecanismo se pone en marcha para lograr definir el producto deseado.

Hay ideas que tardan mucho tiempo en concretarse por diversas causas. Lo que sí tengo en claro es que si el producto no me gusta no lo hago. Además debe pasar por la critica de familiares y amigos. Cuando veo que el objeto en cuestión despierta la atención de los otros, significa que estoy por el buen camino. Mostrar que lo que hago es una práctica que sirve para testear el nuevo producto.

Algunas artesanías pueden ser muy originales e innovadoras pero no tienen respuesta en el público. La gente necesita conocer cual es su uso. No siempre pueden imaginar la función de determinados productos. Siempre hay que explicar su uso. A veces se sorprenden otras no logran enfocar la practicidad. Es una larga docencia. El trato directo con el cliente o clienta es fundamental para tener éxito. Por lo menos en las artesanías que salen de mi creatividad.

Mauricio Uldane
artesano entelador

http://mauulda.googlepages.com/amedida