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sábado, 27 de julio de 2013

Casela

Réplica en miniatura de una casa de estilo colonial. La pieza es única construida en fibrofácil (MDF) con partes de cartón. Totalmente entelada y pintada con acrílico. 

Mauricio Uldane
artesano entelador




martes, 3 de enero de 2012

Casela


Réplica en miniatura de una casa de estilo colonial. La pieza es única construida en fibrofácil (MDF) con partes de cartón. Totalmente entelada y pintada con acrílico.



miércoles, 12 de agosto de 2009

La capacidad escondida

El sábado pasado cuando asistí al programa de radio “Familia Pesoa”, que se emite desde el Paseo La Plaza, su conductor Quique Pesoa dijo algo acerca de algunos cantantes de tango que me emparentó, en algún sentido.

Pesoa dijo: “que algunos cantantes de tango no muestran todo lo que pueden dar con la voz”. Si no que enseñan un “cuartito” de su capacidad vocal. Como para dejar tranquilos a los escuchas.

En cierta forma me pasa lo mismo. No pongo toda la carne al asador, como decimos por estos lares. Con mostrar una puntita de lo que sé hacer alcanza. El resto está latente en alguna parte, tal vez esperando la oportunidad máxima para expresarse.

No por mezquindad sino para no molestar al público. De nada sirve que les muestre una artesanía recargada, barroca. Lo simple es más difícil. Es más complejo insinuar que enseñar todo. De eso el erotismo sabe mucho.


Puedo hacer una artesanía compleja y rebuscada, pero no siempre me gusta trabajar de ese modo. La sencillez suele ser mucho más sublime. Muchas veces me preguntan si puedo armar una pieza compleja y les digo que sí, que tengo la capacidad de hacerla.

Ahora la pregunta es: ¿la van a pagar por lo que vale? Ideas tengo muchas pero no siempre son viables desde el punto de vista económico. De ahí mi vocación por construir artesanías enteladas simples de uso diario, que además tenga un buen diseño y calidad de terminación.

Algún día, quizás, muestre todo mi potencial y después ¿qué?


Mauricio Uldane
artesano entelador

jueves, 8 de enero de 2009

La obsesión por entelar

Hace 14 años en un enero arrancaba esta pasión mezclada con obsesión que tengo de entelar artesanías.

Todo empezó por una caja que iba armar con cartón que estaba en mal estado. Entonces tomé una decisión política: tapé con tela lo sucio que había debajo... Uno aprende de los políticos de mi país.

De esta forma fortuita empezó mi carrera de entelador de artesanías. En ese mismo año haría una cómoda en miniatura toda de cartón con partes de madera balsa. Durante esa primera etapa era un purista del cartón. Llegué a fabricar bisagras de cartón para los cofres y baúles que construía. Estaba totalmente loco o apasionado según se mire.

La mayoría de las artesanías de esta primera etapa tenían como destino ser regalos para familiares, amigos y algunos conocidos. De esta forma fui sin darme cuenta forjando una carrera con aprendizaje en mis allegados.


Uno de los que ligó parte de mi producción de cartón entelado es
Quique Pesoa. Él en su hostería “La Merced”, de San Marcos Sierras, provincia de Córdoba, tiene varias piezas que le regalado a lo largo de los años que fui oyente de sus programas de radio. Hace un tiempo me lo crucé en Buenos Aires y me dijo que a los huéspedes que le preguntan por mis artesanías, les dice que “las hace un loco que vive en San Miguel”.

Lo más complejo que le hice a Pesoa fue una radio capilla de tamaño natural con un peso de unos tres kilos. Armada en su mayoría en cartón y con otros elementos como maderas, metales y tubos de ensayo. Hacer esa pieza única me demandó unos tres meses. En esa época tenía otro trabajo y en mis horas libre armaba las artesanías a modo de hobby.

Ese entrenamiento inconsciente me sirvió para aplicarlo en otras piezas que irían apareciendo con el transcurso de los años. Nada fue premeditado, pero todo tuvo su tiempo y su lugar.

A principios del 2008 me llamaron de Taller Plaza Lezica para dar cursos de entelado y la meta de la directora del taller era que al finalizar el curso los alumnos armaran un
buzón alcancía de que los hago. Cuando le dije que a mí me llevó unos siete años llegar hasta el buzón alcancía comprendió que esto no es para cualquiera. No por elitista sino por la dedicación y el grado de compenetración que demanda armar una determinada pieza. Lo cual no quiere decir que no se pueda aprender, lo que hay que tener es ganas, pasión y un poco de locura.


Hace poco cuando le llevé un
buzón extra grande a una clienta y me dijo: “es como un hijo”, por eso tiene nombre le respondí. Es una forma de llamarlos: Buzonela, Comodela, Radiela o como se llame. Años atrás una psicóloga había llegado a la misma conclusión.

Cuando me quedé sin trabajo entelar me ayudó a superar la crisis. El oficio que aprendí solo sumando diferentes partes de otros oficios o técnicas me sirvió de terapia alternativa. El entelar artesanías fue un refugio para mi mente. La preservó y la mejoró. Por supuesto que la locura sigue intacta, si se apaga todo se va al diablo.

A veces pienso que hay un niño juguetón dando vueltas en su triciclo en mi cabeza y cuando se para a ver algo es cuando tengo una idea. Me la apropio y la desarrollo. Pero siempre conservando esa cosa natural y fresca. Como debe ser una pieza original y de calidad.


Mauricio Uldane
artesano entelador

jueves, 26 de junio de 2008

Lo más difícil: el precio

La gente suele decirme, acerca de mis piezas artesanales, “¡qué trabajo!” o “¿cuánto tiempo te lleva?”. Les respondo respectivamente a sus inquietudes.

Lo que nunca nadie pregunta es por qué tal o cual artesanía entelada cuesta lo cuesta. Tendría que responderles que lo más difícil es ponerle precio a mis trabajos. No porque sean únicos, ni originales. Tampoco porque tienen un muy buen acabado.


El meollo es que a los artesanos nos cuesta valorar el trabajo que hacemos. Particularmente parto de la premisa que para mí no es un trabajo. Es una pasión mezclada con altas dosis de obsesión. Esto me ahorra miles de pesos en psicólogo.

Muchas veces me cuesta desprenderme de alguna pieza. Debo mentalizarme desde cero que el objeto en cuestión no va ha quedar entre mis manos. Por eso trato de inmortalizar la pieza con una foto. Para poder mostrarla al resto de las personas. Lo que busco en definitiva es que todos conozcan mis trabajos.


Hay muchas piezas que armo donde su costo real no se ajusta al precio. Aquí es donde los comerciantes no nos entienden a los verdaderos artesanos. No medimos el costo de una pieza como producto sino que la valoramos como objeto. No es una mera producción de piezas seriadas todas iguales unas tras otras.

El trabajo que puede llevar una determinada pieza no lo mido en el costo hora-hombre. No tengo una fábrica de productos, tengo a lo sumo un taller de objetos.



Tal vez para los que miden los costos por los beneficios piensen que tengo una idea un poco romántica al respecto. Tal vez no se equivoquen, pero les preguntaría si todo debe medirse por la regla del mercantilismo capitalista. De esa forma no nos dejan lugar para la creación a los que tenemos una llamita artística. A veces pienso que son los bomberos de la creatividad.


Mauricio Uldane
artesano entelador

jueves, 20 de marzo de 2008

Rápido no vamos a ningún lado

La gente me pregunta cuanto tiempo me lleva hacer un buzón alcancía y les respondo: una semana. El silencio que sigue se corta con un cuchillo. Entonces tengo que explicar que es el tiempo que lleva construir una pieza, pero con intervalos para secados y demás.

No nos podemos colocar en el lugar de una persona que tiene que esperar una semana para ver realizado su trabajo. La locura en que vivimos no nos da tregua para pensar en tiempo mediato. La ansiedad hace estragos (ver
“Artesanías sanadoras”) y no nos deja pensar libremente en una medida de tiempo tan larga.

Por eso digo que aquellas personas que deseen aprender a entelar tengan presente dejar en casa a Doña Ansiedad. Si es posible guardada en un armario con llave. Los resultados inmediatos no se ven en este oficio. Los vamos percibiendo poco a poco como un crepúsculo. Todo tiene un tiempo y una cadencia. Forzar esto no acelera el proceso, si no que lo empeora.
A mí me costó entenderlo, pero lo aprendí y logré moderar mi ansiedad inicial. No es paciencia como muchos y muchas me dicen. Es trabajo, nada más que trabajo puro. Con el tiempo se adquiere la experiencia que nos allana el camino.




He armado artesanías enteladas que me han llevado varias semanas. Por ejemplo una casa cómoda implica un trabajo de tres semanas. Algunos días enteros dedicados a la construcción. Por eso no es una pieza ni seriada, ni barata. Tampoco la realizo si no es a pedido.

El entelado de artesanías tiene en su esencia desacelerar el trabajo. No es que sea pachorriento sino que tiene un ritmo distinto. El concepto sería: hagamos las cosas lentas, pero bien. Tomémonos el tiempo necesario para hacer la pieza entelada que deseemos.

Una vez que entendemos este punto filosófico el resto se soluciona con oficio y con la experiencia o la enseñaza adquirida. Nada de milagros, ni magia sólo con trabajo, puro trabajo con algo de creatividad.


Mauricio Uldane

artesano entelador

jueves, 10 de enero de 2008

Los regalos para mis amigos

Antes de trabajar de artesano los regalos para mis amigos los hacía como hobby. Más tarde se convirtió en una tradición. También el trabajo artesanal viró a oficio. Cuando muchos me empezaron a decir que esos regalos podían ser comercializados.

El famoso
buzón de Inés Dzienczarski es uno de los regalos que más satisfacciones me trajeron. Hubo otros no tan famosos, pero que igual sorprendieron al destinatario o destinataria. Para hacer este tipo de regalos hay que conocer un poco a la persona que va destinado.

Aún sigo regalando mi trabajo artesanal a mis amigos, aunque también allegados, conocidos o parientes. Pero, no cualquiera es depositario o depositaria de una de mis artesanías enteladas. La dedicación, la pasión y el amor que les pongo no siempre son reconocidos.

Me da placer regalar algo que hice con mis propias manos. Además la sorpresa en las caras es un espectáculo aparte. Ha perdido un poco de novedad, saben a esta altura que la artesanía la hice yo, pero igual me preocupo de sacudir sus sensaciones.

Sorpresa se llevó mi amigo Luis Pérez cuando le regalé un replica de una valija antigua. No podía creer que también tuviera llave con cerradura. Ahí la tiene guardando algo que no quiere que le toquen. Cuando cumplió cuarenta años le hice un número 40 que era un mueblecito con puertas. Julián, el hijo de mi amigo quiso uno para su cumpleaños. Le dije que se lo hacía para cuando cumpliera una cifra redonda. Para sus 10 años se lo armé. Otra vez me pidió un portarretratos entelado en jean. El pequeño Julián Pérez tiene una linda colección de mis trabajos.

A Cristina Becerra le regalé una casa... Sí una casa en miniatura que en realidad es una cómoda. Donde cada balcón es un cajón. Como también es un cajón la puerta de entrada. El año pasado para su último cumpleaños le armé una caja con cerradura y manija de bronce. El interior de la caja es una pollera que me regaló para entelar algo. Me la dio con la condición que cuando le hiciera algo la usara. Mauricio (que no es Macri) cumple, las artesanías enteladas dignifican.

A mi amigo Marcelo Mistó le regalé un estuche para anteojos que lo entelé con pedazos de diferentes jean usados. Lo armé con un tubo o cono de cartón con los laterales de fibrofácil. Para el interior usé la parte de atrás de una tela frisada.

Mi amiga Mónica Savigliano me guarda siempre jeans viejos. Un día se me apareció por casa con una bolsa llena de jeans. Como regalo le hice un calendario perpetuo con un rollo de papel para anotar. Allí toma nota de las cosas que tiene que comprar. Se lo entelé con unos pantalones grises míos que no usaba más. Algún día tenía que poner algo mío.

A la Tía Chencha, en realidad es mi tía abuela y se llama Inocencia, le regalé para un cumpleaños una caja de té. La diferencia era que estaba entelada en corderoy negro con vidrio en al tapa. Según me dijo tiene guardado sus saquitos de té. Cuando alguien necesita uno lo manda a buscar a la caja que le hice.

Como el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos voy a contarles por último que le regalé a Inés, la del buzón. Hace unos años se me ocurrió hacerle un reloj grande de mesa, cosa que no tenía en su casa. El chiste fue hacerle dos puertas a los costados que no parecían puertas. Lo tiene funcionando (siempre que le cambie la pila) sobre un modular grande en una habitación de su casa.

Como se verá los regalos pueden ser muy diferentes y originales. Otros no tanto pero todos son apreciados y queridos por sus propietarias o propietarios. Lo que no saben mis amigos es que en sus casas hay un pedacito mío acompañándolos todos los días, todo el tiempo.


Mauricio Uldane
artesano entelador